James Joyce escribió una vez: Es mejor ir a ese otro mundo con la gloria total de una pasión. Este podría ser el lema de una biografía de Martin O’Malley, el alcalde de Baltimore que se está presentando para gobernador del estado de Maryland. La cita de ese gran novelista irlandés revela las cualidades que se encuentran en abundancia en Martin.

Nombrado uno de los mejores cinco alcaldes del país por la revista Time, Martin es un funcionario público valiente e inteligente que pone al público antes de la política. Durante sus seis años de alcalde de la ciudad de Baltimore, ha trabajado sin cesar con los ciudadanos y funcionarios públicos para hacerla una ciudad más limpia y atractiva que atraiga a sus habitantes e inversores. Prueba de que los esfuerzos de la administración de O’Malley en mejorar la calidad de vida en la ciudad están dando frutos, se ve en una mayor disminución del crimen violento que en ninguna otra gran ciudad en el país y en el incremento de las buenas notas de los estudiantes en las escuelas de Baltimore. Este año la ciudad ha experimentado un superávit de $38 millones—el mayor de la historia de Baltimore—y un recorte de impuestos sobre la propiedad d e $75 millones en 5 años, los más bajos en 30 años.

Martin O’Malley explica el renacimiento de Baltimore de esta forma: “Nuestra historia es una de perseverancia; es una historia de de esperanza frente a unos problemas aparentemente insalvables; y es la historia de los inmensos y valientes esfuerzos de tanta gente que se unieron una y otra vez para triunfar sobre la adversidad.�

Los primeros años

Martin nació en 1963 y se crió en Bethesda y Rockville, Maryland siendo el hijo mayor de una familia de seis hijos. Su espíritu carismático y extrovertido se mostró pronto cuando desarrolló las pasiones de su vida: la historia, la cultura irlandesa y la música.
Sus padres Tom y Barbara O’Malley enseñaron a sus hijos la importancia del servicio público y la diferencia que el liderato político puede tener en las vidas de la gente. Martin heredó ese interés en el lado práctico de la política y recuerda hacer campaña con su padre para candidatos locales.

“Tuve mucha suerte –me crié en un hogar donde colgaban las fotos de King, Kennedy y Roosevelt en las paredes. Mis padres me enseñaron que el servicio público es una ocupación noble.�

Martin fue a la escuela Gonzaga en Washington, una escuela jesuita con una larga historia y una dedicación ejemplar a que sus estudiantes cumplieran el ideal de ser “Hombres para Otros.� La idea de que la fé se expresa a través del servicio a los necesitados era parte central de la filosofía de la escuela y, junto a sus compañeros, Martin participó en el prestigioso programa Aguila sirviendo en programas de tutoría y otros esfuerzos para dar asistencia a los residentes de los barrios pobres alrededor de la escuela.

“Uno venía de los suburbios totalmente blancos y veía la capital de la nación en la distancia y, al doblar una esquina a la calle I, se encontraba con la cola mañanera de los pobres, desempleados y desamparados esperando en cola enfrente del refugio del Padre Horacio MacKenna� un sacerdote jesuita que se dedicaba a los pobres desde la iglesia lindante a la escuela. “No se nos escapó cuando entrábamos en la escuela cada día, la suerte que teníamos y cuanto, en realidad poseíamos.�

Sus años de escuela fueron también una época en la que Martin desarrolló intereses en otra áreas como el fútbol, el teatro y la música con una banda irlandesa, Shannon Tide, con la que tocó por toda la región.

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